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Lo que me causó una impresión agradable desde el inicio fue el ambiente que había en el Instituto. Al lado de la puerta de entrada a la sala de profesores había dos marcos que contenían una foto de cada profesor con su nombre.
La sala de profesores era un espacio generoso y luminoso. Había unidades de dos escritorios contrapuestos que ofrecían espacio para un total de cuatro profesores, dos por mesa. Era una organización espacial que permitía individualidad a la vez que fomentaba el intercambio con otros compañeros.
En la segunda planta había una sala de estudios para el profesorado con tres ordenadores, funcionando impecablemente y con acceso a internet e impresora, mesas para trabajar y el material didáctico de diferentes departamentos. El termino alemán para esta sala era "Stillarbeitsraum" lo que equivale más o menos a "sala de trabajo silenciosa" El profesor que pasaba ahí alguna hora libre para corregir o preparar sus clases, sabía que podía hacer su trabajo sin interrupciones.